Lecturas del Día 2/04/2013

  1. Libro de los Hechos de los Apóstoles 2,36-41. 
    Por eso, todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías". 
    Al oír estas cosas, todos se conmovieron profundamente, y dijeron a Pedro y a los otros Apóstoles: "Hermanos, ¿qué debemos hacer?". 
    Pedro les respondió: "Conviértanse y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo.
    Porque la promesa ha sido hecha a ustedes y a sus hijos, y a todos aquellos que están lejos: a cuantos el Señor, nuestro Dios, quiera llamar". 
    Y con muchos otros argumentos les daba testimonio y los exhortaba a que se pusieran a salvo de esta generación perversa. 
    Los que recibieron su palabra se hicieron bautizar; y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil.
    Palabra de Dios.
    Te alabamos, Señor.

  2. Salmo 33(32),4-5.18-19.20.22. 
    Porque la palabra del Señor es recta
    y él obra siempre con lealtad;
    él ama la justicia y el derecho,
    y la tierra está llena de su amor.

    Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,
    sobre los que esperan en su misericordia,
    para librar sus vidas de la muerte
    y sustentarlos en el tiempo de indigencia.

    Nuestra alma espera en el Señor;
    él es nuestra ayuda y nuestro escudo.
    Señor, que tu amor descienda sobre nosotros,
    conforme a la esperanza que tenemos en ti.

  3. Evangelio según San Juan 20,11-18. 
    María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro
    y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús.
    Ellos le dijeron: "Mujer, ¿por qué lloras?". María respondió: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto".
    Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.
    Jesús le preguntó: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?". Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: "Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo".
    Jesús le dijo: "¡María!". Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: "¡Raboní!", es decir "¡Maestro!".
    Jesús le dijo: "No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes'".
    María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.
    Palabra del Señor.
    Gloria a ti, Señor Jesús.